El mejor amigo del hombre ve lo que nosotros no. Good Boy transforma la inocencia de una mascota en una mirada al abismo: un relato de miedo, tristeza y conexión que redefine el terror animal para Halloween.
Imagina despertar cada noche porque tu perro gruñe hacia la oscuridad.
Ahora imagina ver lo que él ve.
Eso es Good Boy (2025), la nueva obra del director Ben Leonberg, que combina el drama familiar y el horror espectral con una premisa tan sencilla como devastadora: ¿qué pasaría si tu mascota pudiera ver la muerte?
La historia sigue a Indy, un perro fiel que vive con una familia al borde del colapso emocional. Pero algo invisible ronda la casa: entidades que solo Indy puede percibir, sombras que se mueven entre los muros, respiraciones detrás de la puerta. A medida que los humanos se hunden en la negación y la tristeza, Indy se convierte en su último guardián… o quizás en el primero en ser elegido por el mal.
Leonberg —que filmó con su propio perro como protagonista— lleva el recurso del “punto de vista animal” a un nivel emocionalmente perturbador. La cámara se arrastra a la altura del suelo, el sonido vibra con frecuencias caninas, y el terror surge del instinto puro.
“Good Boy no da miedo porque haya fantasmas, sino porque muestra lo que el amor no puede salvar”, comentó un crítico al destacar su 93% en Rotten Tomatoes.
Con claras influencias de Larry Fessenden y su visión de lo salvaje, Good Boy se adentra en los límites entre lo humano y lo animal, entre la fidelidad y el miedo. Las escenas de terror son viscerales y tristes a la vez: un reflejo del aislamiento moderno y del lazo invisible que nos une con quienes no hablan nuestro idioma.
En medio del ruido de franquicias y sustos prefabricados, esta cinta indie se siente viva, original y profundamente inquietante. Un film para ver con la luz apagada… pero con tu perro cerca, por si acaso.
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